¿Por qué mi gato es agresivo? Causas y qué hacer
Por qué tu gato muerde, araña o ataca: juego brusco, miedo, dolor, sobreestimulación o agresión redirigida. Señales de aviso y cómo manejarlo sin castigos.
Por qué los gatos hacen lo que hacen y cómo convivir mejor con ellos.
Entender el comportamiento de los gatos es la base de una buena convivencia. Muchas conductas que parecen caprichos, como arañar los muebles, maullar de noche o morder durante una caricia, tienen una explicación: el gato conserva instintos de cazador y se comunica con su lenguaje corporal, sus vocalizaciones y su olor.
En esta sección explicamos por qué tu gato amasa, ronronea, maúlla mucho o duerme tanto, y qué hacer si se vuelve agresivo. Si el comportamiento de tu gato cambia de repente, consulta primero al veterinario: el dolor y algunas enfermedades se manifiestan como problemas de conducta.
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La cola. Levantada y con la punta curva es un saludo amistoso; esponjada indica miedo, y si la mueve de lado a lado con fuerza está irritado. Las orejas. Hacia delante muestran interés; aplanadas hacia atrás, miedo o enojo. Los ojos. Un parpadeo lento es una señal de confianza y de afecto, y las pupilas muy dilatadas pueden indicar miedo, excitación o ganas de jugar.
Cuando un gato se frota contra ti o contra los muebles deja feromonas de las glándulas de su cara y marca su territorio como un lugar seguro. Mostrar la panza suele ser una muestra de confianza, no siempre una invitación a tocarla: muchos gatos responden con un mordisco si se les acaricia ahí.
Cazar y jugar. Acechar, perseguir y morder juguetes es parte de su naturaleza; dos o tres sesiones diarias de juego con una caña reducen el aburrimiento y los ataques a los pies. Arañar. Los gatos rascan para mantener sus uñas y marcar territorio, así que necesitan un rascador estable cerca de donde descansan. Acicalarse. Dedican mucho tiempo al aseo; un acicalamiento excesivo que deja zonas sin pelo puede ser señal de estrés o de un problema de piel.
Dormir y vocalizar. Los gatos son más activos al amanecer y al anochecer y pasan buena parte del día durmiendo. Los gatos adultos maúllan sobre todo para comunicarse con las personas, mientras que entre ellos usan más el olor y el lenguaje corporal.
Los problemas de comportamiento más frecuentes son orinar fuera del arenero, la agresividad, el maullido excesivo y arañar muebles. Antes de corregirlos, descarta una causa médica con el veterinario: una infección urinaria, el dolor o un problema de tiroides pueden cambiar la conducta. Después, revisa el entorno: un arenero por gato más uno extra, limpio y en un lugar tranquilo; rascadores; escondites en alto y rutinas estables.
Los castigos y los gritos aumentan el miedo y empeoran el problema. Funciona mejor premiar la conducta deseada, redirigir el juego hacia juguetes y dar al gato opciones para cazar, trepar y esconderse, sobre todo si vive en un departamento.
Algunas señales de afecto son el parpadeo lento, la cola levantada al verte, frotarse contra tus piernas, amasar sobre ti, ronronear en tu regazo y dormir cerca de ti. Cada gato es distinto y algunos muestran su cariño con más distancia.
Muchos gatos toleran las caricias sólo un tiempo; cuando se sobreestimulan, mueven la cola, giran las orejas y muerden. Observa esas señales para parar antes y acaricia sobre todo la cabeza y las mejillas.
Un cambio brusco, como esconderse, volverse agresivo o dejar de usar el arenero, puede deberse a dolor, una enfermedad, estrés por una mudanza o la llegada de otra mascota. Conviene llevarlo al veterinario para descartar una causa médica.
Sí. Los gatos aprenden con refuerzo positivo: premios, juego y caricias cuando hacen lo que buscas. Responden mal a los castigos, que sólo aumentan su miedo.
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